Protege tu pelo del sol

 

Llega el verano y con la subida de temperatura todos nos preocupamos por no quemarnos la piel con el sol. ¿Y qué ocurre con el pelo? Buen tiempo, cielo despejado, calor, deporte al aire libre, planes en familia… Todo sirve para pasar el día en la playa o la montaña, disfrutando de tomar el sol o dándonos largos chapuzones. Después de un largo invierno, el sol se convierte en nuestro aliado y el bronceado en una pequeña meta, pero muchas veces no recordamos que también puede ser nuestro enemigo si no tomamos medidas. Al igual que la piel, el pelo sufre a causa de los rayos ultravioleta. Y no solo eso: la sal marina y el cloro de las piscinas también son causantes del deterioro del cabello en la época estival. Por eso es necesario el uso de un protector solar para el cabello y evitar daños posteriores que serían visibles a corto plazo.

¿Cómo y dónde sufre el pelo?

Hay cuatro zonas capilares donde se refleja el daño solar: -El cuero cabelludo. Enrojecimiento y en ocasiones dolor por quemaduras, deshidratación, picor y descamación, etc. -Los tallos capilares. Tras una exposición prolongada al sol, se vuelven ásperos y secos, perdiendo el brillo. -La cutícula. Las escamas capilares se levantan fracturándose, lo que acarrea nudos y un dificultoso desenredo, rompiéndose el cabello al peinar. -El córtex. Los radicales libres del ambiente rompen los enlaces de la queratina y los rayos UV oxidan la melanina. El cabello se vuelve poroso y adopta un tono pajizo, señal inequívoca del daño.

¿Qué cuidados necesitamos?

Los productos naturales son una gran alternativa para el cuidado del pelo. Encontrar un protector capilar adecuado para cada tipo de cabello supone indagar un poco en los artículos que nos ofrece el mercado. En primer lugar, se encuentran el champú, el primer paso de cuidado habitual. Estos varían en función del tipo de cabello que tengamos: natural, teñido, con mechas, muy largo, graso, sin brillo, con puntas abiertas… Una vez tengamos el producto elegido, el siguiente paso es el acondicionador, para aportar la elasticidad necesaria y dar un aspecto brillante al cabello. Ambos productos son de uso frecuente, por lo que podemos utilizarlos sin miedo, y con menor asiduidad se aplica la mascarilla: una o dos veces a la semana es suficiente para aportar una mayor protección a nuestro pelo. Puede ocurrir que tengamos la costumbre de usar otro tipo de productos como espumas o fijadores. Si al igual que el champú, acondicionador y mascarilla son de origen natural, se evita el contacto con los componentes químicos agresivos que llevan la mayoría de los productos de origen no natural. Con ello conseguimos un mayor y más rápido aporte de hidratación y nutrición, tan necesarios en esta época. Una buena idea es también recoger el pelo en un moño, de manera que quede mínimamente expuesto, retirar la humedad cada vez que se sale del agua y por supuesto, usar una gorra o sombrero para evitar daños no solo capilares, sino físicos. Este verano, ¡no olvides protegerte del sol!

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